Glass syringes with needles pointng the target.

Por Ana Céspedes, PhD, PDG, Directora General Mundial de Operaciones, IAVI (International AIDS Vaccine Initiative)


COVID-19 ha cambiado muchas de las reglas conocidas hasta ahora y es muy previsible, además de necesario, que transforme de manera radical los tiempos tradicionales de desarrollo de vacunas, hasta ahora una media de 11 años.

Hay una probabilidad razonable de que a finales de 2020 existan datos de eficacia y seguridad suficientes para permitir una autorización condicional de comercialización de alguno de los candidatos a vacuna que se están estudiando. Las razones principales: ya hay 181 proyectos de investigación y el número sigue creciendo, 14 están en fase clínica; los primeros datos indican resultados en línea con lo esperado en base al conocimiento de los coronavirus y las tecnologías utilizadas para el desarrollo de vacunas; los organismos reguladores están dispuestos a innovar en procesos de aprobación; los científicos con mayor experiencia llevan meses trabajando a contrarreloj y de manera muy colaborativa, publicando resultados a una velocidad nunca vista hasta ahora; y los gobiernos mundiales se han comprometido a aportar la financiación necesaria.

Sin embargo, y aun ese caso, que ya sería un éxito sin precedentes, es muy poco probable que se produzca una vacunación masiva a población general a nivel mundial a finales de 2020. Lo más previsible es que la utilización de la primera vacuna de COVID-19 disponible se limite inicialmente a colectivos de riesgo; entre otros, profesionales sanitarios, ancianos y personas con diversas patologías.  

Hay una probabilidad razonable de que a finales de 2020 existan datos de eficacia y seguridad para permitir la autorización condicional de alguno de los candidatos a vacuna; sin embargo, hay que tener en cuenta que es muy poco probable que se realice una vacunación masiva a población general en ese momento

Pero, además, en el caso de COVID-19 existen dos problemas adicionales. Por un lado, el volumen de la demanda. Una vez que se decida vacunar a la población mundial, será necesario producir miles de millones de dosis. Y esto tampoco se ha hecho nunca, ya que, hasta ahora las vacunas de uso más extendido, como la gripe estacional, se producen en millones de dosis. No existe capacidad de producción mundial para responder a esta demanda. La única manera en la que esto se puede solucionar es mediante acuerdos entre compañías e inversiones a riesgo en grandes centros de producción, con el apoyo de financiación pública. Pero, obviamente, estos centros no se fabrican en meses. Es por ello por lo que el escenario ideal sería aquel en el que distintas vacunas pudieran estar disponibles, con distintos perfiles y de modo que se pudiera satisfacer la demanda mundial.

El último gran reto es el de las reglas de acceso: ¿tendrán acceso prioritario los países que han financiado el desarrollo? ¿Aquéllos donde se ha desarrollado la investigación? ¿Aquéllos donde se originó la propiedad intelectual? O, por el contrario, ¿se establecerán acuerdos mundiales de acceso global basados en las necesidades y el riesgo y con mecanismos de financiación para aquellos países que necesitan de ayuda? No hay precedentes de iniciativas a esta escala y US parece desmarcarse de esos potenciales acuerdos, con su ausencia en la cumbre mundial liderada por la OMS y con su decisión de interrumpir la financiación al organismo mundial. No es momento de nacionalismos. La solución a la crisis mundial de COVI-19 requiere de una solución mundial en la que va a ser necesario elevar el perfil político del área de la salud.

La crisis mundial COVID-19 requiere un cambio de paradigma en el desarrollo de vacunas

La probabilidad de éxito en vacunas es del 6%1. Es decir, tan solo 6 de cada 100 candidatos a vacuna estudiados en humanos termina siendo eficaz para evitar la infección, objetivo principal; o para evitar la enfermedad, objetivo que se puede considerar válido cuando no se alcanza el primero. El tiempo de desarrollo medio de las vacunas aprobadas hasta ahora es de 10,71 años1. Todavía existen importantes enfermedades infecciosas para las que no se ha conseguido desarrollar una vacuna eficaz. Los ejemplos más relevantes son SIDA, con 1,7 millones de personas infectadas anualmente2; y tuberculosis, de la que mueren 3 personas al minuto3 y para la que la vacuna BCG, desarrollada hace un siglo, aún no se ha podido reemplazar por un sustituto eficaz en jóvenes y adultos, principales transmisores de la infección.

Entonces, ¿Por qué los principales expertos mundiales en enfermedades infecciosas se están atreviendo a afirmar que disponer de una vacuna para COVID-19 a finales de 2020 es un objetivo ambicioso, pero potencialmente alcanzable? E igualmente importante, considerando que España no lidera ninguno de los grandes proyectos de investigación en vacunas para COVID-19 que encabezan la carrera mundial por resolver esta enfermedad, ¿cómo traducir estas expectativas al futuro de la pandemia en nuestro país?

La investigación en vacunas contra la Covid-19 ha conseguido acaparar un nivel de inversión mundial, pública y privada sin precedentes en el área biomédica

La investigación en vacunas para COVID-19 ha conseguido acaparar un nivel de inversión mundial, pública y privada, sin precedentes en el área biomédica.  Actualmente existen 181 candidatos a vacuna para prevenir la infección por SARS-CoV-2, el virus que provoca la enfermedad denominada COVID-19. De ellos,167 están en fase preclínica y 14 ya se están estudiando en humanos4. Considerando los resultados preliminares positivos en estudios animales y en voluntarios (si bien todavía en números muy reducidos), las características conocidas del virus (un nivel bajo de mutación5 y una diana natural y relativamente accesible para el desarrollo de vacunas con la proteína spike6), el hecho de que el número de proyectos sigue creciendo de manera acelerada7 y la probabilidad de éxito histórica de un 6%, resulta relativamente realista pensar que existe una probabilidad razonable de que alguno de los candidatos actuales se consiga convertir en una vacuna con un perfil de eficacia y seguridad suficiente para permitir su comercialización8.

Tres proyectos lideran la carrera de vacunas contra el virus y un gran número de alternativas ofrecen una visión optimista a medio y largo plazo

La carrera en el desarrollo de vacunas contra SARS-CoV-2 lideran tres proyectos. El más avanzado, si bien del que apenas se habla en Estados Unidos, es el de la biotecnológica china CanSinoBIO, en colaboración con el Instituto de Biotecnología de Beijing, financiado por el gobierno chino, y que utiliza una plataforma previamente probada con éxito para la producción de vacunas. Basada en el adenovirus tipo 5 (Ad5), es la misma tecnología utilizada por CanSinoBIO para su vacuna contra Ébola aprobada por la FDA china en 2017. Los ensayos con este candidato se iniciaron en humanos en enero, y los resultados del estudio en Fase 1 con 108 personas se han publicado recientemente en la prestigiosa revista médica Lancet9. Son los primeros resultados en Fase 1 publicados en el mundo y ya se esperaban positivos puesto se sabía que CansioBIO había iniciado la Fase 210. Los datos publicados muestran el desarrollo de inmunidad contra el virus causante de COVID-19. Sin embargo, y también como se esperaba por el tipo de tecnología utilizado, abren un punto de precaución, puesto que se observa un incremento de la respuesta inmunológica frente al propio vector, un objetivo no deseado. En base a estos resultados, los investigadores están evaluando, entre otras estrategias, el estudio de formas de administración que eviten este efecto (i.e. intranasal), la aplicación de dosis más alta y la exclusión de personas mayores de 65 años, que son la subpoblación en la que con mayor frecuencia aparece este efecto indeseado.

Tres vacunas lideran la carrera contra el SARS-CoV-2; el más avanzado es el de la compañía biotecnológica CanSinoBIO

CanSinoBIO ha tenido una historia complicada en cuanto a calidad de sus vacunas con incluso sanciones importantes por problemas de seguridad, impuestas por el propio gobierno chino10. De momento, no parece probable pensar que, incluso demostrándose eficaz y pudiéndose producir a gran escala, esta vacuna vaya a ser la líder principal en distribución mundial. Pero resulta relativamente realista pensar que esta, u otra de las ya cinco candidatas a vacuna desarrolladas por compañías chinas que se encuentran en desarrollo clínico en humanos10, estén disponibles en China en unos tiempos similares a los que se hablan en los proyectos que ocupan la mayoría de los titulares en USA y Europa.

Los segundos en la carrera son los investigadores del área de enfermedades infecciosas del Instituto Nacional de la Salud americano (NIAD) en colaboración con la biotecnológicaModerna, que están desarrollando un candidato basado en una plataforma tecnológica innovadora y muy estudiada en la última década por su potencial para acelerar el desarrollo de vacunas, el ARN mensajero (mRNA). Actualmente no existen vacunas aprobadas de mRNA, si bien hay numerosos proyectos de investigación. El candidato mRNA-1273 fue el primero en iniciar desarrollo clínico en Estados Unidos el 16 de marzo de 2020 y según los datos revelados en la nota de prensa emitida recientemente por Moderna, los resultados preliminares en 8 de los 105 voluntarios incluidos en fase 1, son prometedores puesto que muestran que mRNA-1273 estimula la producción de anticuerpos neutralizantes en los voluntarios en los cuales se ha completado el estudio12. Sin embargo y a pesar de que las acciones de Moderna subieron ese mismo lunes un 30%13, es importante destacar que se trata solo de resultados preliminares, en un número extremadamente pequeño de individuos (8), que los datos no están publicados en ninguna revista científica y aún más importante y no suficientemente reconocido, que no hay vacunas aprobadas con tecnología de mRNA. Y, por tanto, una complejidad añadida a este tipo de vacunas es la necesidad de desarrollar de manera muy acelerada procesos adecuados de producción a escala comercial, no existentes en la actualidad. Un doble reto, en consecuencia, en el que Moderna y el gobierno americano ya están trabajando, pero que requerirá de una gran inversión e incorpora un mayor riesgo técnico.

El tercer proyecto que destacar es el del candidato AZD1222 (antes denominado ChAdOx1nCoV-19), desarrollado por la Universidad de Oxford en colaboración con la farmacéutica AstraZeneca, basado en el vector viral del adenovirus del chimpancé, una tecnología para la que tampoco existen vacunas aprobadas, si bien se ha estudiado ampliamente. La velocidad de desarrollo de este proyecto se debe fundamentalmente a que esta tecnología se estaba utilizando para el estudio de una vacuna para Middle East Respiratory Syndrome (MERS), una enfermedad causada por otro coronavirus y los datos preclínicos ya existentes han permitido acelerar el inicio de un estudio en Fase I/II en abril con 510 voluntarios14. Según fuentes de la compañía, se espera que inicie estudios en Fase III con 30.000 voluntarios en verano y si todo trascurre de manera positiva, estaría disponible en septiembre de 202015. Se trata, por tanto, del proyecto con los tiempos más agresivos si bien es importante la precaución puesto que tampoco existen vacunas aprobadas con esta tecnología por lo que el riesgo técnico es mayor, así como la inversión necesaria para el escalado de la producción a nivel comercial. De hecho, el 21 de mayo, el gobierno americano anunció una inversión de $1.200 millones en este candidato, con el objetivo de disponer de 300 millones de dosis en USA a finales de 202016. Es de esperar que se hable mucho de esta vacuna en los próximos meses ya que AZ ha expresado su interés en llegar a acuerdos con organizaciones mundiales, entre ellas GAVI, CEPI y OMS, “para la asignación y distribución equitativa de la vacuna en todo el mundo”15. Desde el punto de vista de España, los acuerdos de acceso que se pudieran establecer con OMS y la Coalición Mundial para Preparación de Epidemias (CEPI) podrían tener un impacto positivo.

Los candidatos de CanSinoBio, Moderna y AstraZeneca son los que están más adelantados desde el punto de vista de desarrollo. Sin embargo, quizás no sean estos los que terminen siendo más relevantes a nivel mundial. Las principales farmacéuticas con experiencia en vacunas, entre las que cabe destacar MSD, Sanofi Pasteur, Pfizer y Johnson & Johnson, están desarrollando proyectos de gran interés. Algunos de ellos tienen la ventaja adicional de que están basados en tecnologías ya utilizadas con éxito en vacunas comercializadas y para las que existe experiencia en producción a gran escala, lo cual incrementa la probabilidad de éxito4.

En el caso de España, el gobierno ha anunciado hasta la fecha una inversión local de un total de 8 millones de euros en 10 proyectos de investigación de candidatos a vacuna para COVID-19. Entre ellos, el del laboratorio del Dr. Luis Enjuanes, en el Centro Nacional del de Biotecnología (CNB-CSIC), el más avanzado de ellos y que iniciará la fase clínica en otoño17. Se trata de un laboratorio con una investigación de primer nivel y experiencia de décadas en coronavirus18. Sin embargo, el limitado apoyo financiero anunciado hasta la fecha a los proyectos nacionales de vacuna de COVID-19 y la todavía ausencia de acuerdos de colaboración privados, necesarios para acelerar el desarrollo clínico y la comercialización efectiva, podría ser uno de los grandes factores limitantes.

La velocidad de desarrollo no es el único criterio relevante: cinco variables críticas en vacunas para COVID-19

Existen al menos cinco elementos a considerar a la hora de evaluar el potencial real de una vacuna para resolver la pandemia mundial de COVID-19 y resulta prácticamente imposible que una sola vacuna pueda destacar en todos ellos. De hecho, los expertos mundiales coinciden en afirmar que el escenario más probable, y el más beneficioso para abordar la pandemia de COVID-19, es que se consiga desarrollar varias vacunas, con distintos perfiles de beneficio y riesgo, diversas subpoblaciones indicadas, volúmenes de producción complementarios, e incluso geografías. Y que, de manera conjunta, puedan aportar una solución global19,20.

  1. Rapidez con la que se obtienen resultados que permiten la comercialización

El objetivo de desarrollar una vacuna para COVID-19 en menos de 12 meses no tiene precedente alguno. Sin embargo, la media de desarrollo en vacunas actual de 11 años no es aceptable para nadie en las circunstancias actuales. Y no debe serlo, puesto que hay muchas maneras de reducir los tiempos de desarrollo. Resulta inspirador ver como organismos reguladores mundiales, institutos de investigación, empresas y organismos financiadores públicos y privados están aunando esfuerzos con este objetivo. Algo que es muy posible, en primer lugar, acordando desarrollos clínicos acelerados y que, al mismo tiempo, no comprometan la seguridad de los individuos. Por ejemplo, cuando se dispone de información suficiente, realizando determinados estudios en animales en paralelo a ensayos clínicos en humanos lo cual puede permitir ahorrar más de un año. O mediante el desarrollo en paralelo de Fases I/II y previsiblemente, II/III. En segundo lugar, la inversión a riesgo en plantas de producción para escalado a nivel comercial, incluso antes de disponer de datos de eficacia, también supondría una reducción de tiempos de hasta 2-3 años. Y finalmente, las aprobaciones condicionales permitirán la utilización temprana en poblaciones de mayor riesgo (i.e. sanitarios, ancianos, personas con patologías previas) donde el perfil de beneficio y riesgo es más favorable. 

Ahora bien, no todos los expertos coinciden en que puede ser realista esperar una vacuna en menos de 12 meses21.

Conviene recordar que fue el propio Trump quien marcó este reto por primera vez el 2 de marzo, tras la reunión de alto nivel que mantuvo en la Casa Blanca con los CEOs mundiales de las principales compañías farmacéuticas y de biotecnología22. Lo que empezó como un reto, a cambio de un compromiso de inversión y apoyo casi sin límites, se ha terminado convirtiendo en “el objetivo” mundial para la vacuna de COVID-19. Un ejemplo más de la pericia de Trump en el área de comunicación, potencialmente afilada por las cercanas elecciones presidenciales en Estados Unidos el próximo 3 de noviembre. Los propios asesores científicos de Trump han intentado matizar este objetivo desde entonces, indicando que se trataría de un logro extraordinario y que requeriría de una ejecución “sin ningún imprevisto”8. La ciencia, no obstante, está llena de imprevistos.

A mi juicio, el flujo extraordinario de recursos y apoyo político e institucional podría permitir conseguir lo imposible y con una dosis media-alta de “suerte biológica” que alguno de los candidatos a vacuna obtuviera resultados suficientes para garantizar una autorización de comercialización condicional antes de finales de año. Resulta muy difícil pensar que se pueda hacer una vacunación a población general en 2020. Los datos disponibles, en el mejor de los casos, van a ser muy limitados y la cantidad de vacuna insuficiente.

  • Eficacia y duración de la protección

Se trata de la potencia de respuesta inmunológica que produce y la duración de esta; es decir, qué nivel de protección confiere, cuántas dosis son necesarias para alcanzarlo y durante cuánto tiempo se conserva esta protección. Mientras que algunas vacunas requieren de dos dosis para alcanzar una respuesta adecuada, separadas entre sí varias semanas, otras confieren protección máxima con una sola dosis.

Es importante destacar que el conocimiento actual de la clase coronavirus, dentro de la cual se incluyen los virus que producen la gripe estacional, parece indicar que es difícil esperar una protección de por vida y que lo más probable es que sean necesarias campañas de vacunación periódicas. En este sentido, la OMS ha definido dentro de su perfil diana de vacuna para COVID-19 aquella que confiere una protección durante al menos seis meses e idealmente, durante un año23. Las expectativas de una protección de mayor duración son bajas. Los candidatos de CanSinoBIO y Moderna requieren de dos dosis. Sin embargo, existen otros candidatos, como el de AstraZeneca, que solamente necesitarían de una dosis y, por tanto, serían más adecuados a largo plazo.

  • Seguridad y reactogenicidad de la vacuna.

Un dato que es particularmente relevante en el caso de los coronavirus puesto que algunos estudios existentes en vacunas para MERS y SARS indican que uno de los riesgos más importantes puede ser el de una sobre respuesta inmunológica producida por la propia vacuna24. La OMS creó un grupo de trabajo de expertos mundiales con el fin de estudiar esta área en profundidad y facilitar guías. Se espera más información próximamente.

  • Estabilidad de la vacuna y los requerimientos de conservación.

Una vacuna con una estabilidad de apenas meses, es decir, que mantiene sus características solamente durante unos meses desde la producción de esta, requiere una cadena de suministro muy optimizada y plantea problemas adicionales a la hora de impactar positivamente a nivel mundial en una pandemia. Sobre todo, considerando que numerosos países, incluso continentes como África, carecen de instalaciones de producción de vacunas en la actualidad. Así mismo, el suministro de vacunas que requieren de cadena de frio incrementa el coste y la complejidad. En particular, en países con ingresos bajos y medios. Mientras que las tecnologías tradicionalmente utilizadas en la producción de vacunas ya han conseguido solventar con éxito estos problemas, algunas tecnologías más innovadoras como la de mRNA de las biotecnológicas Moderna o Inovio Pharmaceuticals, puede requerir de tiempos adicionales para optimizar aspectos de producción con la estabilidad.

  • Capacidad para producir a gran escala y asegurar el acceso a escala mundial

Vacunas como la de la gripe estacional se producen a una escala de cientos de millones de dosis. Pero no existe actualmente ninguna vacuna que se produzca a una escala de miles de millones de dosis, que es la necesaria para COVID-19. Dependiendo de la tecnología necesaria para que la vacuna tenga éxito serían necesarias inversiones, en centros a gran escala25. Habitualmente, estas inversiones requieren de 2,5-3,5 años para el desarrollo de nuevos centros de producción, una inversión de cientos de millones de dólares y que, con el objetivo de disminuir el riesgo, hasta ahora solo se ha hecho una vez que se habían obtenido resultados positivos preliminares, al menos en cientos o miles de pacientes. Sin embargo, en el caso de COVID-19, organizaciones como BARDA en Estados Unidos, la organización mundial CEPI, la OMS, o la Fundación Bill y Melinda Gates están apostando por la necesidad de invertir “a riesgo” en plantas que permitirán el escalado a nivel comercial de vacunas que aún han demostrado datos de eficacia. Esto permitirá reducir de manera considerable los tiempos, incluso hasta en 2-3 años, pero obviamente requerirá de inversores dispuestos a asumir este riesgo.

Hasta ahora, el gobierno americano ha liderado la inversión en esta área. Desde el inicio de la crisis, la agencia americana Biomedical Advanced Research and Development Authority (BARDA) ha anunciado públicamente sus contribuciones multimillonarias en numerosos proyectos de vacunas: $450 millones al desarrollo del candidato de J&J, $483 millones al de Moderna, $226 millones al de Sanofi y más recientemente, $1,200 al de AZ24. El pasado 15 de mayo, Trump anunció la denominada operación Warp Speed27, un programa nacional “sin límite presupuestario”, para acelerar el desarrollo, la fabricación y la distribución de vacunas, terapias y diagnósticos para COVID-19. Entre otros, con el objetivo de “disponer de cantidades sustanciales de una vacuna segura y efectiva disponible para los estadounidenses en enero de 2021”.

Apenas unos días antes, el 4 de mayo, la OMS en colaboración con la Comisión Europea llevó a cabo una conferencia en la que anunció la creación de un “Acelerador de Acceso a Herramientas para COVID-19” y el objetivo de conseguir financiación mundial para el desarrollo y acceso de vacunas y tratamientos. Si bien la conferencia consiguió con éxito captar $8.000 millones, los grandes ausentes fueron Estados Unidos, India y China28. Se trata de un primer paso importante y el siguiente será la definición de acuerdos de comercialización (precio, logística de compras, condiciones de pago) y acceso a nivel mundial.

Criterios de acceso, distribución y comercialización de las potenciales vacunas para COVID-19 

Muchos analistas recuerdan lo que pasó durante la epidemia de gripe porcina en 2009, cuando la compañía australiana CSL Behring consiguió desarrollar la primera vacuna y las autoridades australianas le exigieron abastecer el mercado local de manera prioritaria30. A continuación, CSL había establecido acuerdos para permitir la producción en Nueva Zelanda, Singapur, US y Canadá. Estos permitieron el acceso en estos países, haciendo que otros con menores recursos y que no habían establecido acuerdos previos quedaran a la cola.

El pasado 14 de mayo y tras anunciarse que BARDA había firmado un acuerdo de financiación de $226 millones con la farmacéutica francesa Sanofi Pasteur y su CEO mundial Paul Hudson dijera que “Estados Unidos tendría acceso prioritario gracias a su financiación”, el presidente francés Emmanuel Macron pidió inmediatamente una reunión con Hudson, con el objetivo de exigir que se retractara de sus declaraciones para asegurar que “el acceso a la vacuna seria global”30. Apenas dos semanas más tarde, los asesores de Trump posicionaban la financiación de $1,200 Millones a AstraZeneca en el contexto de la implementación del Fase 3 en US, un mecanismo inteligente para evitar una situación similar a la de la semana anterior con Sanofi y que consigue el mismo objetivo, el de acceso prioritario en US, gracias a su generosa financiación16.

No hay ninguna compañía en el mundo que pueda producir millones de dosis en cuestión de meses; va a ser necesario establecer acuerdos mundiales que definan las reglas del juego

La realidad es que no hay ninguna compañía en el mundo que pueda producir miles de millones de dosis en cuestión de meses y que va a ser necesario establecer acuerdos mundiales que definan las “reglas del juego” en el reparto de las vacunas que, esperemos, resulten eficaces y seguras. El riesgo de lo contrario va a ser una continua lucha por neutralizar titulares que alarman a ciudadanos en un país y aceleran esperanzas en otros. El G7 (Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, el Reino Unido y los Estados Unidos) ha elevado históricamente el perfil político de la salud mundial y podría albergar estas negociaciones internacionales. Sin embargo, el desarrollo de un marco para la distribución justa y equitativa de las vacunas y terapias COVID-19 es mucho más complejo y requerirá la coordinación de múltiples instituciones, financiadores, gobiernos y compañías farmacéuticas. Además, los datos hasta el momento parecen indicar que US no está dispuesto a liderar esas discusiones.

Acuerdos de colaboración público-privados van a ser esenciales para asegurar el acceso, distribución y comercialización a nivel mundial de vacunas para COVID-19. Gavi (Alianza Mundial de Vacunas) anunció el 4 de junio la puesta en marcha de una nueva herramienta financiera dirigida a permitir la compra en países de bajos recursos (los denominados “países Gavi”)31. En el caso de Europa, el pasado 3 de junio, Alemania, Francia, Italia y Países Bajos han anunciado la creación de la “Alianza Inclusiva por la Vacuna”, cuyo objetivo es liderar las discusiones con compañías farmacéuticas para asegurar la producción y el acceso en Europa32. No es un grupo de países al azar, sino que se trata de los países europeos con mayor capacidad productiva de vacunas, del cual tanto España como el Reino Unido están ausentes.

El Reino Unido ya había identificado como objetivo estratégico incrementar su capacidad productiva local de vacunas y la reciente financiación del U.K.’s Vaccines Manufacturing and Innovation Centre (VMIC) con 131 millones de libras, algo que muestra la prioridad que el gobierno de Boris Johnson está asignando a esta área33. En el caso de España, la falta de capacidad productiva para vacunas de uso humano podría verse compensada en parte mediante la utilización estratégica de centros productivos con capacidad para producción de vacunas de uso veterinario34. Algo que compañías con gran visión y compromiso por innovación en nuestro país, como la biotecnológica gallega CZ Vaccine, parte del grupo Zendal, han iniciado en los últimos años35. No ha habido un anuncio hasta la fecha por parte del gobierno en España de financiación en esta área, algo imprescindible para aportar una solución a esta crisis.

Conclusiones

La crisis generada por la pandemia mundial COVID-19 representa una gran oportunidad para priorizar el desarrollo de vacunas, acelerar tiempos e incrementar sinergias y, en consecuencia, la probabilidad de éxito. Es imposible predecir qué moléculas conseguirán alcanzar un perfil de seguridad y eficacia apropiado. Pero el gran número de proyectos en desarrollo permite el optimismo.

Es probable que los datos iniciales muestren niveles de eficacia suficientes para una aprobación condicional, pero quizás no óptimos para uso a nivel general. Y por ello, es tremendamente importante asegurar que la inversión en investigación y desarrollo se mantiene con niveles adecuados hasta que se consiga un porfolio de vacunas con características complementarias y que permitan el acceso a la población mundial.

El Acelerador de Acceso a Herramientas para COVID-19 es un paso en la dirección correcta. Una iniciativa dedicada al desarrollo rápido y al despliegue equitativo de terapias, vacunas y diagnósticos. Si bien no ha sido posible avanzar este avance temprano al cancelarse la cumbre del G7, es importante incorporar los estados del G20, particularmente aquellos que desarrollan medidas contra COVID-1936 y por supuesto, no olvidar el resto de los países. Se trata de una crisis mundial que solo se resolverá con una solución mundial.

Declaración de intereses y agradecimientos

IAVI es una organización dedicada al desarrollo de vacunas y anticuerpos para enfermedades infecciosas, incluyendo HIV, tuberculosis y otras enfermedades infecciosas emergentes, COVID-19 entre ellas. IAVI colabora con MSD en el desarrollo del candidato rVSV-SARS-CoV-2 a vacuna para COVID-19 y con CZ Vaccines en el desarrollo del candidato MTBVac a vacuna para la tuberculosis.

La autora agradece a Oscar Moracho del Río, consultor de gestión sanitaria y exdirector gerente del Servicio Navarro de Salud-Osasunbidea y a Xavier Badia, fundador y CEO de Omakase Consulting y director de la EDS-Revista Española de Economía de la Salud, su revisión crítica y la facilitación de bibliografía para este artículo.

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  32. https://www.vmicuk.com/news/vaccines-manufacturing-and-innovation-centre-vmic-given-go-ahead-to-create-virtual-vmic-whilst-in-tandem-expanding-and-fast-tracking-permanent-vaccines-facility
  33. https://www.eleconomista.es/empresas-finanzas/noticias/10552913/05/20/La-produccion-de-la-vacuna-del-covid-en-Espana-depende-de-seis-fabricas-veterinarias.html
  34. https://www.lavozdegalicia.es/noticia/economia/2018/12/22/cz-refuerza-macroproduccion-mundial-vacunas-bajo-sello-zendal/0003_201812G22P40994.htm
  35. The Equitable Distribution of COVID-19 Therapeutics and Vaccines. JAMA. Published online May 7, 2020. doi:10.1001/jama.2020.6641
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